Me abstuve de pensamientos
ajenos a mí,
trate de apagar la luz que me cegaba,
procure caminar por donde
nadie pasara,
evitando cualquier sentimiento que me pudiera atrapar.
Envidie a las estrellas por
su distancia que se encontraban vagando en la nada, murmurando las horas
pasadas, era ahí donde me acorralaba aquel fuerte sentimiento que me punzaba.
Caí de rodillas en la cama implorando su mirada, que robo mi alma desde aquel día
que la soñé.
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